Taller Santa Clara

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Un grupo de 14 madres de exalumnos del Newman abrieron el taller de costura en el barrio José León Suárez, en Buenos Aires. Ahora este grupo de madres voluntarias impulsan mejoran las condiciones de vida de casi 50 mujeres que tienen un emplo seguro en el barrio. Algunas de las 14 madres voluntarias ha participado de grupos de inmersión en Lima, donde han organizado talleres de costura con las madres del cerro de Canto Grande.

Taller de costura con madres voluntarias

Un grupo de madres de alumnos del Colegio Cardenal Newman, Buenos Aires, empezaron un taller de costura en el barrio de José León Suarez en 1996.
Las madres fundadoras siguen todavía liderando el proyecto. Empezaron en la Capilla Luján con 3 máquinas de coser.

Los primeros años presentaron sus dificultades, entre ellas un robo en el 2001 cuando fueron robadas 8 máquinas, mesas y sillas, placares con telas, tijeras y todos sus elementos de trabajo.

Decidieron salir de la Capilla Luján e ir a la Parroquia San Cayetano, un lugar de más seguridad. Después del robo recibieron varias donaciones generosas incluyendo 6 máquinas de coser de un señor.

En el ambiente parroquial donde trabajaban con 70 mujeres del barrio, había una lucha por el espacio ya que habían otros grupos que se habían establecidos hace años en el lugar. Se solucionó todo de manera armoniosa.

Actualmente hay 14 voluntarias en el taller y algunas madres siguen en el proyecto 15 años después de la salida de sus hijos del colegio.

Las madres muestran los productos confeccionados en el taller

Participan 40 madres del barrio en el proyecto. Todas las voluntarias trabajan en el taller del colegio preparando el trabajo para las madres del barrio y 5 voluntarias van al barrio un día a la semana. Tienen 12 máquinas comunes de coser y 2 máquinas industriales.

El taller ha tenido varios logros entre ellos, muy buena integración entre las mujeres del barrio y el mejoramiento de su calidad de vida. Las madres financiaron máquinas de coser para 20 mujeres del barrio y es importante anotar que todas pagaron hasta el último centavo. Casi 50 mujeres ahora tienen empleo.

Reciben pedidos de particulares para confeccionar fajos, sacos, delantales, bolsos, toallas y hasta bolsos para palos de hockey. El taller recibe donaciones de telas y otros elementos de trabajo de varias fábricas y lo que sobra lo donan a 15 talleres en otros barrios.

Celebraciones

Siete de las madres participaron en el programa de inmersiones en Lima donde organizan talleres para las mujeres de los cerros de Canto Grande y dos madres más van a participar en unas semanas.

Reflexionando sobre lo que se llevaron de la experiencia dijeron:

Aprendí a aceptar todo aquí en el barrio.
A ser mucho más paciente y tolerante.
A valorar más el trabajo en equipo.
A apreciar los talentos de los demás.
He regresado con fuerzas para ayudar y con más ganas de trabajar en el taller.

Con ojos al futuro desean seguir con su espíritu de siempre y abrir un taller nuevo de pan y pizza para asegurar una oportunidad laboral para más mujeres del barrio.

¿A qué se debe la gran perseverancia de este grupo durante tantos años?

Las madres contestan que el grupo tiene un gran espíritu de servicio porque nunca tomaron su participación como obligación, existe mucho compañerismo en el grupo, se preocupan por el otro y es un grupo muy constante.

Los Hermanos les deseamos que sigan adelante con la fuerza de siempre, y que el espíritu de Edmundo Rice, quien dedicó su vida al servicio, les acompañe en su labor.