Presencia, Compasión y Liberación

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Hno. Michael O’Donnell, juez de los fugaces partidos de ping-pong en el Colegio Fe y Alegría

¿Qué entendemos por Presencia – Compasión – Liberación? Es una declaración de los tres valores fundamentales de los Hermanos Cristianos. Son actitudes básicas de nuestra espiritualidad y apostolado; sus raíces se encuentran en el modo cómo el Beato Edmundo Rice respondió a la invitación de Dios a “abrir su corazón” de modo práctico y eficaz al dolor humano. Estos tres valores están enraizados en la tradición cristiana y avalados por el magisterio eclesial.

SER PRESENCIA

PRESENCIA corresponde a la actitud del que acompaña y permanece al lado para escuchar, comprender, aceptar, reafirmar y proteger. Estamos presentes entre los que padecen cualquier forma de esclavitud, marginación y exclusión. En esos grupos humanos es donde resulta más claro el llamado de Dios que perturba nuestras vidas y nos impide inmovilizarnos en la comodidad de los logros. En la escuela, la práctica de la Presencia invita a estar junto al alumno con problemas, el de hogar disfuncional, el aislado del grupo, el que tiene menos éxitos. Estamos con ellos para recordarles el amor de Dios, para escuchar sus tristezas y devolverles la confianza en los mayores. Las actitudes opuestas a la Presencia son la indiferencia, la intolerancia y la incapacidad de reconocer diferencias entre las personas.

TENER COMPASIÓN

Tener COMPASIÓN es hacer propio el dolor de otros. Es la actitud del Padre quien “amó tanto al mundo que le entregó a su Hijo”. Oramos para pedir el don de un corazón compasivo y nos esforzamos para que nuestros colegios sean escuelas de compasión donde se enseñe a perdonar de modo incondicional y acojamos el dolor humano haciéndolo nuestro. La escuela es compasiva cuando no usa mecanismos de avergonzar ni acentúa la exclusión, más bien promueve la inclusión y la aceptación de todos sus miembros.

SER LIBERACIÓN

LIBERACIÓN es la consecuencia de la Presencia y la Compasión. Jesús vino a liberarnos y restablecer la dignidad del ser humano. Él mismo lo expresó al explicar su misión: “El Espíritu me ungió para liberar a los oprimidos” (Lc 4, 18). El Hijo lleno de Compasión por el ser humano liberó a los endemoniados, devolvió la vista a los ciegos, curó a los leprosos, perdonó a la mujer pecadora, en una palabra los liberó de sus desgracias individuales y de la condena social que los oprimía. Nuestras escuelas estimulan a que los alumnos anhelen liberarse del pecado y de las esclavitudes que impone la sociedad. Una escuela que no fuera liberadora aceptaría sin reflexionar los valores del mundo y no ofrecería formas prácticas de liberar a los que sufren por causa de la codicia, la exclusión y la indiferencia humanas.

Cada pasaje del Evangelio nos ilustra que Jesús estuvo presente en las situaciones más críticas de la vida humana, donde estaban en juego la vida y la muerte, que sintió y enseñó la compasión que siente Dios por nosotros, y liberó a aquellos que padecían la esclavitud de las enfermedades físicas y psíquicas y de las instituciones sociales que ahondaban su sufrimiento.

PRESENCIA – COMPASIÓN – LIBERACIÓN son inseparables en la auténtica respuesta a la invitación de Dios a actuar a ejemplo de Cristo. Anhelamos y promovemos en nuestras escuelas que nuestro quehacer pedagógico sea coherente con este trío de actitudes. Nos invitan a caminar en esa dirección: la Presencia amorosa del Padre en la Creación y en la comunidad humana, la Compasión del Hijo en su obediente entrega y la Liberación con que irrumpe el Espíritu Santo para restituirnos a nuestra condición de hijos amados.