La vida en el desierto

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El maestro de baile Luis Antonio Aguilar Baca, con sus doce bailarines, es fruto de capas de historia e iniciativa. El maestro y los bailarines son todos residentes de los vecindarios de quienes habitan las tierras desérticas al sur de la ciudad de Nuevo Chimbote, Perú.

Durante la última década y hasta hoy, las familias llegan a estas tierras desiertas para reclamar un espacio para una casa familiar. Algunos vienen de los Andes o de la selva amazónica, buscando oportunidades. Otros huyen de una situación en la que tres o cuatro familias viven en una sola casa en la ciudad. Algunas mujeres se alejan de vivir con los suegros. En el gran tumulto de estas llegadas, los políticos corruptos y las mafias hambrientas del dinero atacan al pueblo y especulan sobre tierras que no son de ellos: eso también forma parte de este creciente conjunto de barrios.

Estos barrios no tienen agua ni alcantarillado. Algunos vecindarios, después de cinco o seis años, recién recibieron luces para la calle. No hay puestos médicos ni instalaciones policiales. En el apéndice se lee la historia de las dificultades de una familia en un negro desierto, sin agua, alcantarillado, tiendas, escuelas – nada.

En el barrio de Nuevo Horizonte, donde los Hermanos Cristianos han vivido un año y medio, las escuelas están todavía en construcción: comienzan con aulas de contenedores de barcos y “muros” de techo de paja alrededor de la escuela, aulas. Es una alegría reportar que cada una de las cuatro escuelas en barrios cercanos está construyendo su infraestructura y reafirmando su currículo y procedimientos. Sin embargo, hay un largo, largo camino por recorrer.

La Iglesia responde lo mejor que puede, con un pastor preocupado, como el español Fernando Asín, usando dinero donado para construir una capilla con techo de paja en estos barrios en desarrollo, pero frenando por el proceso legal de construir una capilla permanente en tierra legalizada. La parroquia católica local tiene sólo dos años y medio. El Padre Fernando, pastor solitario de unos veinte barrios y 30.000 personas, se sintió animado cuando los Hermanos Cristianos acordaron construir una casa comunitaria junto a una de las dos capillas periféricas de la parroquia y así ayudarlo a construir la iglesia en estos barrios en crecimiento.

En estos barrios emergentes no hay deportes ni actividades para los niños. Los padres trabajan horas largas y duras por poco salario en trabajos que están a larga distancia, a veces en otra ciudad o en el mar durante semanas a la vez. Algunas familias, arrancadas de sus vidas tradicionales, les resulta difícil confiar en otros recién llegados. Así, los Hermanos Cristianos han iniciado varios programas en su capilla y ayudan en las actividades parroquiales, para dar la bienvenida al pueblo y ayudarles a construir esperanza y confianza. Los Hermanos visitan y apoyan al pueblo en tres o cuatro de las misas de fin de semana de la parroquia y de la capilla, y trabajan en la catequesis, en la Confirmación, en el coro, y en cuatro sesiones semanales de apoyo escolar a niños del barrio, acompañados por estudiantes del Colegio Mundo Mejor que viajan desde Chimbote para servir.

La clase de baile mencionada anteriormente, y las clases de guitarra, también, son parte de este esfuerzo para dar la bienvenida a la gente y complementar el desarrollo de sus hijos. No es fácil, las familias de la zona llevan vidas complejas y pueden tener dificultades para asistir a una reunión o contribuir a un programa. Recientes esfuerzos para recaudar dinero a través de una rifa vieron a cada familia donar algo de comida a dos cestas de comida sorteadas, pero pocas familias pudieron ofrecer tiempo para vender boletos en el mercado local.

Después de muchas visitas familiares para buscar ayuda en la rifa y en otras actividades pequeñas, el grupo obtuvo un beneficio de 200 soles, alrededor de 62 dólares, no es malo para la gente empobrecida, un paso hacia la compra de regalia de baile y el aumento de la participación de los padres.

La foto del profesor de baile y de sus alumnos es fruto de un programa iniciado con conversaciones con familias y profesores y visitas a niños en sus aulas, con ayuda financiera de contribuciones familiares de los Estados Unidos y de exalumnos del Colegio Mundo Mejor y apoyado ahora por una subvención adquirida por Edmund Rice Development, la oficina de Desarrollo de Dublín. Así, celebramos aquí un pequeño grano de esperanza: el crecimiento cultural, académico y religioso de los niños y la creciente participación familiar en estos barrios en desarrollo en el desierto.

Apéndice

Testimonio de Enrique Medina López (45), Jane La Torre López (35), Enrique Medina La Torre (11), y Mayte Medina La Torre (7), 29 de agosto de 2016

Para conseguir agua tuvimos que caminar siete cuadras porque el camión no podía entrar debido a la arena, porque no había calle. Pusimos tablas de madera debajo de los neumáticos de los camiones para que pudieran pasar. Pero esto era demasiado complicado, por lo que el camión permaneció a unas siete cuadras de distancia.

Para llegar al camión de agua, tuvimos que entrar en una enorme línea de espera de agua, y algunas familias tenían siete u ocho miembros con cubos y ollas, pero yo sólo tenía mi hijo de cuatro años. Tuvimos que esperar una hora o una hora y un cuarto para llegar a donde se compró el agua. Luego lo arrastré a casa.
Cuando llegamos a casa tuve que ir al baño, pero me sorprendió ver que estaba sangrando. Es que estaba embarazada de mi segundo hijo y ahora temía perder al bebé. Ya era de noche. Habíamos pasado medio día arrastrando el agua a casa. Mi hijo ahora estaba durmiendo, y mi marido estaba trabajando en la otra ciudad. Yo no tenía otra opción que llevar a mi hijo a las siete cuadras a donde podíamos conseguir transporte. Estaba completamente oscuro, y estaba aterrorizada de perder más sangre y tal vez de perder a mi bebé, y yo estaba agotado por transportar el agua.

Cuando llegué al trabajo de mi marido, me llevó al puesto médico, y gracias a Dios no tuve las complicaciones que temía y ahora mi hija pronto cumplirá siete años.